«Focus»

La atención, un bien subestimado…

Pese a la enorme importancia en nuestra manera de afrontar la vida, la atención, en todas sus modalidades, es un bien poco conocido y poco valorado.

Nuestra capacidad de atención determina nuestro desempeño al realizar una tarea, imaginen si no es entonces importante, nuestra habilidad en la vida podríamos afirmar, depende de esta sutil facultad.

Si bien la misma fue estudiada desde las distintas corrientes psicológicas, de la ciencia Cognitiva es de dónde podemos extraer grandes investigaciones y material para leer sobre ella.

Daniel Goleman, en su libro Focus, describe tres tipos de atención:

La que está dirigida a nuestro interior, en sintonía con nuestra intuición.

La que está dirigida hacia los demás, que nos permite mejorar los vínculos.

Y la atención dirigida hacia el exterior, permitiéndonos navegar por el mundo.

La misma funciona de manera semejante a la musculatura, si la usamos poco, se atrofia.

Si la ponemos en acción, se desarrolla.

Por eso mismo, es posible realizar ejercicios y perfeccionar la musculatura de la atención, e incluso rehabilitar cerebros desnutridos de concentración.

La atención como dijimos antes, nos conecta con el mundo, delinea y define nuestra experiencia, ofrece mecanismos para la regulación voluntaria de nuestros pensamientos y sentimientos.

La manera en que la utilizamos, determina lo que vemos. Podemos resumirlo así “tu enfoque es tu realidad”.

Debido al océano de distracciones donde navegamos a diario, hoy más que nunca es necesario hacer un esfuerzo para lograr “prestar” atención a otro ser humano, sin por ejemplo, sacar el teléfono mientras nos están hablando.

Por esta razón, hoy, tendemos a la “atención parcial” que denota falta de claridad mental, debido a  la sobrecarga de información.

No sólo hemos desarrollado hábitos que nos quitan efectividad, sino que el volumen de mensajes no deja tiempo suficiente para pensar en su significado.

En un mundo cada vez más rico en información, ésta consume la atención de sus receptores, y la abundancia de esa información, crea escasez de atención.

Existen dos tipos principales de distracción, la sensorial y la emocional.

Es posible predecir el desempeño, según la capacidad de concentración y la capacidad para ignorar distracciones.

A mayor concentración, mayor sincronización neuronal.

Cuanto más enfocamos nuestra atención, más aprendemos.

Sin concentración, lo aprendido no se almacena en la memoria.

El pensamiento profundo exige mantener nuestra mente enfocada, cuanto más nos distraemos, más superficiales son nuestras reflexiones.

La fuente de distracción no surge en realidad de la tecnología que utilizamos, se halla sobre todo, en nuestra cabeza.

Entonces, cómo podemos mejorar?

Las personas inmersas en su vocación aman lo que hacen. Esa total dedicación es placentera y el placer es señal emocional para fluir.

En la vida cotidiana las personas no suelen fluir, pero con motivación podemos lograrlo.

El sendero común es el enfoque, una aguda concentración lo desencadena.

Para que un trabajador indiferente alcance cierto grado de concentración, es necesario aumentar su motivación y entusiasmo, evocando sus deseos para que pueda fluir en sus tareas y de esta manera hacerlas más eficientes.

 

 

 

 

 

Material extraido del libro “Focus”, Daniel Goleman, editorial B, año 2013, Buenos Aires.